«Tal vez Sabán acaba de establecer un importante puente entre judaísmo y cristianismo»

JAIME VÁZQUEZ ALLEGUE. 11/1/2009  I  Publicado en El Manuscrito del Mar Muerto (blog Religión Digital).
«Que Jesús fue judío no lo duda nadie. La historia, sin embargo, ha focalizado la visión de Jesús de Nazaret a través del Cristo de la fe desde una categoría muy alejada del judaísmo».


Que Jesús fue judío no lo duda nadie. Que su familia, amigos y discípulos también lo eran no lo cuestiona ni el más crítico de los críticos. Que los evangelistas eran judíos lo ponen en evidencia sus escritos. Que Pablo de Tarso era judío y además fariseo, no hay más que ver lo que hace para caer en la cuenta de su cambio de vida. No hay ningún personaje del Nuevo Testamento de los que se consideran seguidores de Jesús o primeros cristianos que no fuera judío. Hasta los griegos que aparecen en los relatos evangélicos forman parte de un estado especial que pertenece al judaísmo de la época. Las primeras generaciones de comunidades cristianas seguían audodenominándose judíos. En realidad, los romanos que se dedicaban a perseguir a los judíos, persiguieron a los cristianos por ser una secta del judaísmo. Por todo ello y mucho más que no viene al caso, el Jesús histórico, fue un judío coherente y consecuente que vivió el judaísmo de su época.

La historia, sin embargo, ha focalizado la visión de Jesús de Nazaret a través del Cristo de la fe desde una categoría muy alejada del judaísmo. Durante siglos, hablar de Jesús era oponerse frontalmente al judaísmo a quien desde los primeros siglos se responsabilizó de su muerte. De esta forma, judaísmo y cristianismo han viajado a lo largo de la historia de forma paralela como dos religiones autónomas. Tuvo que llegar la modernidad y los primeros estudios neotestamentarios del siglo XIX para recordar que Jesús era un judío de su época. Todos recordarán los primeros estudios cristológicos sobre Jesús de Nazaret que dieron lugar al nacimiento de un género literario (también teológico) que se conoció como “vidas de Jesús”. Algunos de los primeros que lo intentaron quisieron elaborar descripciones tan detalladas de la vida de Jesús que terminaron rozando los límites que separan la ortodoxia de la heterodoxia cristiana. Ernest Renán (1823-1892) es un ejemplo con su “vida de Jesús” como una disciplina de la reflexión teológica. El intento le costó la cátedra teológica y el papa Pío IX le puso el sobrenombre de “blasfemo europeo”. Uno de los más recientes analistas de la figura histórica del judío de Nazaret es el Papa Benedicto XVI en una apuesta por mantener viva su vocación teológica. Su visión del judío histórico nos trae a la memoria las suculentas y magnas obras de la mitad del siglo veinte que desde las escuelas alemanas (católicas y protestantes) dieron lugar al desarrollo más importante de la generación de vidas de Jesús. Aquellos intentos consiguieron que la figura de Jesús de Nazaret resultase más cercana y estuviese al alcance de todo el personal. Las vidas de Jesús el judío de Nazaret pasaron a ser un intento de perfeccionar (sin menospreciar) las lagunas de los evangelistas que lejos de elaborar vidas del judío en el sentido biográfico, se limitaron a plasmar por escrito el mensaje de la buena noticia del que fueron testigos los primeros cristianos.

Las vidas de Jesús, además de acercar al leguaje popular al Cristo de la fe, provocaron el nacimiento de una nueva forma de leer la Biblia en la que por primera vez se unía el Antiguo Testamento (Biblia Hebrea) con el Nuevo Testamento. El Cristo de la fe tenía una dimensión judía humana, racional y natural que se denominó, desde el primer momento, Jesús histórico o Jesús de la historia, con todo lo que ello quiere decir.

Hablar del Jesús judío no quiere decir -por extensión- silenciar u ocultar la dimensión divina de su figura, esto es, el Cristo de la fe. Al contrario, el Jesús judío es la mirada más antigua que se ha hecho del resucitado desde el primer momento después de la Pascua. Aquellas mujeres judías que se acercaron a la tumba buscaban al hombre de Nazaret, el judío de carne y hueso, el que había sido clavado en la cruz, el que decían que tenía barba, cabellos largos y todo lo demás. Sin embargo, se encontraron con el Cristo de la fe, el que no se reconoce a simple vista, el que resplandece y tiene otra voz. Lo mismo le sucedió -unos días después- a algunos de los discípulos (también judíos) que tenían dificultades para ver en el resucitado al judío que habían conocido.

Seguramente el Concilio Vaticano II sea el origen de nuevas lecturas e interpretaciones de la figura del Jesús de la historia como judío. Por esa razón, desde hace casi medio siglo, el estudio sobre la figura de Jesús no se reduce únicamente al que realizan los teólogos y exégetas cristianos (católicos, ortodoxos y protestantes) sino que Jesús es visto por el judaísmo de una manera diferente. Tal vez sea una cuestión de análisis en profundidad, pero tengo la sensación de cuanto más se acerca el mundo cristiano en sus estudios al Jesús judío, en la misma proporción el judaísmo se acerca a Jesús como uno de los suyos.

En la actualidad, el judaísmo habla de Jesús de Nazaret como un judío que vivió en el siglo primero de la era cristiana, que formaba parte del judaísmo activo de la época, que algunos identificaron como el mesías anunciado por los profetas y después de su muerte en el patíbulo romano de la cruz algunos de sus discípulos comenzaron a creer en su resurrección. Hace unos meses, hablando con Rabí Israel Garzón de la Sinagoga de Madrid me decía que la imagen de Jesús que describen los evangelistas es una clara descripción de lo que era un rabino de la época. Por eso, en la actualidad, muchos judíos consideran a Jesús un rabino destacado.

Tengo en mis manos un libro que analiza con rigor la figura de Jesús de Nazaret como judío de su época. Mario Javier Sabán es un judío que lleva muchos estudiando la figura de Jesús desde el judaísmo de la época de dominación romana. Sabán acaba de publicar una obra de más de seiscientas páginas llenas de imágenes sugerentes, análisis detallados y estudios rigurosos. Con toda seguridad esta obra se ha convertido en uno de los estudios sobre Jesús más importantes para el judaísmo actual. Su intento de relacionar toda la antigua tradición del pueblo de Israel con las enseñanzas rabínicas de Jesús de Nazaret lo llevan a estudiar tanto los discursos, los milagros, las parábolas y las interpretaciones del Rabí Yeshua (Jesús de Nazaret) a la luz de la tradición oral del judaísmo y de la tradición escrita de la Biblia Hebrea. La obra de Mario Sabán condensa la larga tradición de análisis cristiano sobre Jesús y la dimensión midrásica de un judaísmo contemporáneo que estudia la Biblia. Su trabajo es un verdadero regreso a los orígenes judíos de Jesús que han permanecido ocultos durante dos mil años. En este sentido, el trabajo de Sabán era algo esperado por el cristianismo desde hace décadas. ¿Qué dicen los judíos sobre Jesús de Nazaret? Quizás algunos autores fueron preparando el terreno a Mario Sabán: S. Ben-Horin, discípulo de M. Buber publicó Hermano Jesús. El Nazareno desde una perspectiva judía (2003). D. Flusser abrió el estudio con sus obras El cristianismo una religión judía (1995); Die rabbinischen Gleichnisse und der Gleichnisserzähler Jesus (1981). D.A. Hagner con su The Jewish Reclamation of Jesus: An Analysis and Critique of the Modern Jewish Study od Jesus (1984). También hay que destacar a P. Lapide, Der Rabbi von Nazaret. Wandlungen des jüdischen Jesusbildes (1974). Así como a E. Levine y su trabajo Un judío lee el Nuevo Testamento (1980); J. Neusner, A Rabbi Talks with Jesus. Sin olvidar al mítico G. Vermes y su Jesús el judío (1977).

Mario Sabán ha conseguido ofrecer un estudio ágil, claro y fácil de leer de una cristología judía que todavía está por hacer. El trabajo de Sabán es un punto de partida, un referente que ha de ser tenido en cuenta en los futuros estudios tanto cristianos como judíos sobre Jesús de Nazaret. Desde estas líneas queremos felicitar a Mario Sabán por este trabajo. Recomendamos la obra para su letura detenida a teólogos y exégetas cristianos. Tal vez, sin ser consciente de ello, Sabán acaba de establecer un importante puente entre el judaísmo y el cristianismo que puede abrir las puertas a futuros trabajos en conjunto. De ser así, la obra de Mario Sabán adquiere una importancia mayor que todavía está por reconocer.

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