«El libro es una apologética del judaísmo de Jesús»

ÁNGEL MIRANDA. 30/10/2008. Presentación de El judaísmo de Jesús en Lleida.
Permitidme, primero, dar las gracias al Profesor Mario Sabán por la confianza, valentía y honestidad que ha demostrado tener al entregar el borrador de una obra, fruto de un laborioso y profundo trabajo, a un cristiano viejo y crítico como yo.


 Afortunadamente tanto para Mario como para mí queda lejos el célebre Concilio Ecuménico III de Letrán, iniciado en el año de 1179, que en su Canon XXVI dicta una serie de medidas tendentes a evitar la estrecha convivencia entre cristianos y judíos, afirmando categóricamente que conviene apartar a los cristianos de los judíos, a quienes se admite que vivan entre los pueblos cristianos "sólo por humanidad", y que procedió a condenar no sólo a los herejes, sino a quienes siendo ortodoxos, al menos en apariencia, los ayudaran o encubrieran. Y no menos suerte que al filósofo Spinoza – expulsado de la sinagoga judía en 1656- le esperaría al Profesor Mario.

GRACIAS, profesor, doctor, y, ahora ya, amigo Mario.

El libro, en opinión del prologuista Dr. Fontana constituye:

“Una mirada externa de nuestra fe y un estudio serio, respetuoso y admirado de la persona de jesús que ilumina y aclara aspectos del mensaje de jesús por ser el dr. saban un conocedor de la ley y la praxis judía”.


Y quienes hemos tenido el privilegio de ser alumnos suyos o leer sus obras podemos dar fe de ello. Hay pocos especialistas tan bien documentados con un domino de los siglos que anteceden a la venida de Cristo y de los primeros años del cristianismo.

El libro es un acercamiento y estudio por parte de un judío a la persona de Jesús. Para él, es sólo el rabino Yeoshuá de Nazaret, “…un rabino en el mayor sentido de la palabra, un gran maestro”.

Sabán demuestra que todas las enseñanzas éticas de Jesús están contenidas dentro del judaísmo. Ciñendo su campo de estudio al judaísmo de Jesús del siglo I y no a la construcción del cristianismo posterior.

El libro es en mi opinión:

Una apologética del judaísmo de Jesús frente al APROPIAMIENTO dogmático del cristianismo, (en este sentido nos dice el autor: “Lo triste de esta historia, es que el judaísmo actual aún considera a Jesús como parte del cristianismo y no del judaísmo”.)

Una apologética de Jesús como REFORMADOR que RETORNA A LA ESENCIA de la ley frente al ritualismo y la praxis del judaísmo de su época.

Una apologética de Jesús como GRAN MAESTRO que lo hace conocer y acercar al judaísmo auténtico y de buena voluntad:
“lo que pretendo manifestar en esta obra es la posibilidad de comprender a Jesús desde el judaísmo, sin prejuicios.”

Un libro que, como dice el mismo autor, “no intentará explicar sus títulos (profeta, Mesías, Hijo de Dios, etc.), porque estos temas constituyen debates cristológicos que exceden el marco de este libro”.

Consecuentemente pasa por alto escenas evangélicas que inevitablemente podrían llevarle a ello y salvo en el capítulo XVII evita incursiones en el evangelio de S. Juan (el más cristológico).
Si bien no puede evitar algún comentario con cierta sorna sobre la “ingeniería y arquitectura” teológica del cristianismo posterior”.

Y, a propósito de ello, le lanzo un apasionante reto, pero posible gracias a la teoría de la relatividad del espacio-tiempo y a su gran preparación, puede ser el “observador” ideal de un supuesto diálogo entre: Filón de Alejandría, Juan el Evangelista, Saulo de Tarso, Maimónides, Tomas de Aquino y algún invitado extra de los últimos grandes pensadores judíos sin dejar a uno de los últimos papas que os ha amado de forma valiente y especial: JUAN PABLO II.

¡Cuántas elucubraciones mentales y hogueras hubiésemos evitado si este encuentro hubiera sido posible!, amigo Mario.

“Mi trabajo –nos dice el autor- se centra: en el mensaje ético que produjo el judío Jesús” y la única conclusión posible de esta investigación es que todo el judaísmo que un judío acepta hoy en su canon está contenido completamente en las enseñanzas del rabino Jesús.

El libro es un profundo estudio e investigación – que te interpela tras cada exposición con interrogantes para la reflexión y abundantes notas marginales que aclaran y documentan el texto.

De sus 25 capítulos me han llamado especial atención: el VI. Rico análisis comparativo de las enseñanzas de Jesús y las citas de la Torá. Especialmente profundo es el XVI: El Reino de Dios en su versión judía y cristiana y en su perspectiva ética de superación personal y proyección social.

El profesor Mario desnuda el alambicamiento, los ropajes y el polvo que el paso de los siglos y las distintas idiosincrasias de los creyentes hemos ido añadiendo al mensaje original.

El libro es asimismo una PIEDRA DE TOQUE para nuestro cristianismo, que nos obliga a profundizar más en la persona de Jesús, su escenario vital y el basamento de su mensaje ético y su razonamiento es tal que te obliga a clamar con Pablo: “Si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe”.

En verdad, somos portadores de un tesoro en vasijas de barro y porque somos así de limitados hemos ido tiñendo del color de nuestra arcilla, al pasar de mano en mano, el mensaje original de la Palabra de Dios en su virginal estado. Creo no poderlo expresar de una forma tan sencilla y bella como lo hiciera Juan Ramón Jiménez refiriéndose a la poesía:

Eternidades

Vino primero pura,
vestida de inocencia;
y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes;
y la fui odiando sin saberlo.

Llegó a ser una reina
fastuosa de tesoros...
¡Qué iracundia de hiel y sin sentido!

Mas… se fue desnudando
y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica
y apareció desnuda toda.
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!

Juan Ramón Jiménez

Por qué un cristiano como yo, para quien Jesús, gracias a la fe, es bastante más que un gran Maestro, muestre esta sintonía y proximidad con el pensamiento bien fundamentado a la vez que abierto del Dr. Sabán.

Si bien La Declaración del Concilio Vaticano II Nostra aetate (octubre 1965) ya rompe siglos de incomprensión permitidme que lo exprese con la fuerza y palabras de Saulo de Tarso en su carta a los Romanos (Romanos 9,1-5):

“Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo. Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos” y para remarcar el enunciado añade: “los dones y la llamada de Dios son irrevocables”.

No os voy a citar el valioso y hermoso discurso que Juan Pablo II hizo en su visita a la Sinagoga de Roma (13-4-86), pero no puedo evitar el recordaros la plegaria que depositó en el Muro en su visita a Jerusalén:

«Dios de nuestros Padres, tu escogiste a Abraham y su descendencia, para llevar Tu Nombre a las naciones. Nosotros estamos profundamente arrepentidos por el comportamiento de aquellos que en el curso de la historia han causado sufrimiento a tus hijos y pedimos tu perdón. Nosotros deseamos una autentica fraternidad con el Pueblo de la Alianza».

Presentación realizada por Ángel Miranda.
Lleida, 30 de octubre de 2008, Sala Alfred Perenya, IMAC-Ajuntament de Lleida.