«El mensaje transmitido por Jesús ya formaba parte de la Torá y de la tradición oral judía»

JAUME PIULATS. 6/11/2008. Presentación de El judaísmo de Jesús en Barcelona, en la Reial Acadèmia de Farmacia de Catalunya.
«Estudiar de nuevo el mensaje de Jesús, aunque con otra mirada, solo hace que reafirmar la constancia de un llamamiento a la ética radical que Jesús y otros profetas, anteriores y posteriores, nos hacen llegar a través de los tiempos».

 
Conocí a Mario, Mario Saban, al asistir en calidad de alumno a uno de sus cursos sobre historia del cristianismo. Rápidamente se estableció entre nosotros una amistad gracias a su carácter dialogante, su capacidad para escuchar y a la vez defender sus ideas con aplomo y respeto. En sus clases y conferencias siempre observé una posición de elegancia intelectual ante las opiniones encontradas que se han originado entre el cristianismo y el judaísmo. Utilizo el término intelectual porque no sería correcto referirse a Mario como un autor judío objetivo. En temas históricos y religiosos nadie es objetivo, todos partimos de una base cultural que nos condiciona. Simplemente, tenemos o no la suficiente educación cultural y moral como para escuchar y analizar las opiniones contrarias. Uno de los aspectos que más valoro de Mario Saban es la sensibilidad con que trata el personaje de Jesús de Nazaret. Me recuerda las páginas de otro insigne autor de origen judío. Me refiero a Joseph Klausner, autor de Jesús de Nazaret, un magnífico libro que no solo reivindica el origen judío de Jesús, sino que traza a partir de sus palabras los rasgos de una personalidad única. Saban y Klausner se acercan a Jesús con el respeto y admiración hacia un maestro de fuerte personalidad que no deja indiferente a nadie.

Permítanme señalar de la obra El Judaísmo de Jesús algunas reflexiones personales. La primera reflexión podría ser la pregunta: ¿es necesaria una obra de estas características? Cualquier aficionado al estudio del cristianismo puede fácilmente concluir que la vida de Jesús se desarrolló totalmente en un ambiente judío. Nació judío en el seno de una familia judía y devota dentro de la corriente farisea del judaísmo del siglo I. Recibió las influencias de la escuela farisea de Hillel y muy posiblemente conoció las tesis esenias junto a su primo Juan, Juan el Bautista. Se rodeó de discípulos judíos y se dirigió al pueblo judío en un espacio geográfico limitado. Finalmente, murió en la cruz como un sublevado judío ante el poder de Roma. En los años siguientes a su muerte su entorno familiar y discípulos mantuvieron su recuerdo. Sí, el recuerdo de un mensaje que para ellos era una original aportación al judaísmo secular.

Tendrían que pasar unos diez años después de la muerte de Jesús, hacia el 40 d.C., cuando aparece en la historia un personaje fundamental en la interpretación y expansión del cristianismo: Saúl de Tarso, Pablo, San Pablo. Él y dos fenómenos sociales como el ingreso de los gentiles al monoteísmo y el proceso de helenización llevó a un alejamiento progresivo de aquellos cristianos nuevos de los judeo-cristianos originales.

Este resumen nos indica que el distanciamiento entre cristianismo y judaísmo se inició con Pablo y cristalizó en una rotura definitiva en el año 325 d.C., durante el Concilio de Nicea, donde la Iglesia cristiana estableció oficialmente el dogma de la divinidad de Jesús. A partir de aquí la exégesis paulina es la que establecerá las bases de la actual Iglesia Católica. Históricamente pues hay un antes y después de Pablo en la historia del cristianismo. El antes es obviamente judío. Tan obvio que en principio la respuesta a nuestra pregunta inicial sería un no. Sin embargo, el objetivo de esta obra no es demostrar lo obvio, sino enseñar algo más trascendental como que el mensaje transmitido por Jesús ya formaba parte de la Torá y de la tradición oral judía, el Talmud. En otras palabras, el mensaje ético de Jesús tiene, para el autor, su origen en el judaísmo. A lo largo del libro Saban analiza aquel mensaje a través de los evangelios canónicos del Nuevo Testamento en comparación con la Torá, el libro del Eclesiástico, el libro de Proverbios y las enseñanzas proféticas de la Ley. Un análisis exhaustivo y convincente.

Otro aspecto importante de la obra que presentamos es el análisis equilibrado que Mario Saban hace sobre las causas del distanciamiento que dio lugar al nacimiento del cristianismo: una jurisprudencia rabínica excelente procedente del rabino Jesús, una interpretación mesiánica de la Torá por parte de Pablo y el ingreso masivo de los gentiles sin el ritual judío de la circuncisión, de acuerdo con lo establecido en el Concilio de Jerusalén, en el año 50 d.C., entre Jaime el Justo, hermano de Jesús, y Pablo. A estas causas también deberíamos añadir el deseo de separación de unos, los cristianos, y el olvido por parte del judaísmo de un rabino singular. Un olvido que muy posiblemente fue inducido por una situación política singular, la del siglo I, donde primaba el nacionalismo político y religioso que se enfrentaba al poder romano, frente a un mensaje universalista de paz y amor que representaba Jesús.

Han pasado muchos años desde aquellos momento históricos y ya instalados en el siglo XXI aún perduran los enfrentamientos y los odios. Por ello, estudiar de nuevo el mensaje de Jesús, aunque con otra mirada, solo hace que reafirmar la constancia de un llamamiento a la ética radical que Jesús y otros profetas, anteriores y posteriores, nos hacen llegar a través de los tiempos. Mario nos puede convencer del origen judío de las enseñanzas de Jesús, pero también estoy seguro que el mismo contenido lo encontraríamos en otras culturas, porque para el creyente en un Abba o Padre solo puede haber un mensaje sin fronteras.

Gracias Mario por tu lección y esfuerzo al invitarnos a conocer mejor a Jesús de Nazaret.

Jaume Piulats
3 de noviembre de 2008