«Mis amigos, los judíos: Jesús y Mario»

FRANCESC ROMEU. 6/11/2008. Presentación de El judaísmo de Jesús en Barcelona, en la Reial Academia de Farmacia de Catalunya.
«Yo, un pobre sacerdote de barrio que lucha por mantener viva la llama de la fe de sus padres y por animar las ascuas encendidas en los corazones de los files de una comunidad cristiana, estoy contento de contar con dos grandes amigos judíos: Jesús de Nazaret y Mario Saban. Y ambos, a su vez, se han conocido perfectamente».


Muy buenas tardes a todos. “Molt bona tarda a tothom!”. Buenas tardes a mis compañeros de mesa, a nuestro anfitrión el Doctor Jaume Piulats, que nos acoge hoy en esta ilustre institución la Reial Acadèmia de Farmacia de Catalunya, y a mi amigo Mario Saban, autor del libro que nos ocupa. Mi nombre es Francesc Romeu y soy sacerdote católico y periodista. Como sacerdote católico soy el párroco de la Parroquia de Sant Francesc d’Assís, entre el barrio del Poblenou y de la Vila Olímpica.

Como periodista soy profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad Ramon Llull e imparto una asignatura tan divertida como es el Periodismo Religioso. Pero, a pesar de que podría decir que soy el párroco de donde vive Mario y que él es un fiel feligrés mío, yo no estoy aquí por este currículum, sino porque soy un amigo personal de Mario Saban. Nos conocimos justo cuando él llegó a Barcelona de la Argentina. Y, desde entonces, hemos compartido muchas cosas.

Como párroco celoso que soy, y que procuro cuidar de mi rebaño y defenderlo, he compartido muchas veces mi comunidad cristiana con Mario. Repetidas veces ha venido a mi comunidad cristiana para hablarnos con total y absoluta profundidad y rigor de los orígenes judíos del cristianismo y de san Pablo. Ha presentado con firmeza el judaísmo actual e, incluso, una noche, un jueves anterior a la Semana Santa, celebramos, en la nave de la iglesia, la Cena Pascual, con un gran respeto. Mario ha hecho muchas cosas por mi y por mi comunidad.

Por mi parte, gracias a su cordial e íntima invitación, yo he tenido la magnífica oportunidad de celebrar -por dos veces- la circuncisión de sus dos hijos. La primera en su casa y la segunda en la Sinagoga de la calle Avenir. Para mí fueron dos momentos en los que me sentí profundamente familia de Mario y de Jacqueline Claudia, de sus dos hijos, Max David y Lucas Elí, y de sus cuñados. Mario y yo nos tratamos como hermanos. Y, aunque creo que Mario es más joven que yo, para mí representa mi hermano mayor en la fe. ¡Muchas gracias Mario!

Pero vamos al libro. Mi amigo Mario ha publicado un libro que por su título ya me resulta muy interesante: “El judaísmo de Jesús”. Pero, tristemente, mi amigo no ha escrito un libro que vaya a ser un gran “best seller”, sino todo lo contrario, pasará muy inadvertido en las grandes librerías. Y eso no será porque no lo ha editado una gran editorial, que también. Él mismo es el propio editor y distribuidor. Sino que no será un best seller porque, según dice en la página 31: “Esta obra no debate si Jesús fue o no el Mesías; este es un tema de la fe personal de cada uno. Esta obra no discute dogmas, ni sentimientos personales, ni ideologías, ni realiza un análisis de todos los autores anteriores que escribieron sobre Jesús, ya que todos estos temas pertenecen a otras  disciplinas”. Pues bien, este libro no va de esto, pero resulta que todo esto es lo que vende hoy en día: la polémica. Si Mario afrontara directamente y duramente el debate crítico sobre si Jesús es o no el Hijo de Dios, o es o no el Mesías, estaríamos delante de un gran best seller. Pero, ¿por qué no lo hace Mario? ¿Porque su religión no se lo permite? Yo creo que no. Mario no lo hace porque su ética no se lo permite. Es precisamente por eso que en la página 21 dice que “este trabajo de investigación que me he propuesto tratará exclusivamente sobre las enseñanzas éticas del rabino Jesús”. A la ética de Mario le preocupa la ética de Jesús y no la polémica sobre Jesús.

Por lo tanto, tengo que decir que -a mí- el libro no me ha escandalizado de ninguna manera. Lo que sí que ha hecho es que me ha interesado muchísimo. Ante la figura poliédrica de Jesús, a mí –como creyente y sacerdote católico- no solo me interesa la figura del Jesús histórico que nos aporta Mario –con todo el rigor del experto que conoce a la perfección los movimientos judíos del siglo primero- sino que también me interesa la figura del Jesús de la fe que me han transmitido mis padres, el Jesús del siglo XX que ha llegado hasta mí. Y también me preocupa la figura del Jesús del siglo XXI que podamos construir hoy en una pequeña comunidad cristiana de un barrio de Barcelona. Por eso, mi cristianismo está profundamente fundamentado en la experiencia religiosa de los que creemos en la Resurrección de Jesús y en su continua reencarnación en las personas y en las comunidades de cada era. Eso es lo que hago yo en el día a día.

Pero también, con Mario, me preocupa el núcleo de la misma Revelación que compartimos con él. Para mí el cristianismo no puede ser una reducción solo a unos cuantos aspectos éticos (de pura relación con los demás), sino que es una ética que implica también una manera de relacionarme conmigo mismo y con Dios. Mi oración es cristocéntrica y mi corazón late con Cristo-Jesús. Ahora bien, eso no quita que a mí me interese profundamente ver como mi amigo Mario afronta la doctrina de la Revelación de Dios que yo no he recibido por mis orígenes judíos sino que yo he recibido por la tradición de Jesús de Nazaret que me han transmitido mis padres.

Cuando leo el libro de Mario yo no tengo dudas de fe, ni me interpela para nada la divinidad de Jesús, sino que me ayuda a entrar y profundizar en la humanidad de Jesús que yo también afirmo con total y plena convicción. Por eso, y como apasionado que soy del lenguaje, creo que Jesús utiliza siempre el lenguaje de su tiempo y habla a partir de  la comprensión de sus oyentes. No me extraña, para nada, que Jesús –como nos recuerda constantemente Mario, en su libro- hablara como un rabino de su tiempo y que dijera –incluso- las mismas cosas que decían los rabinos de su tiempo. Yo creo que Jesús no pretendía ninguna originalidad que no fuera él mismo y su misma persona (en esto estaría totalmente de acuerdo en lo que dice Mario en las páginas 88 a 90).

En cuanto a la Revelación poco tenemos que discutir con Mario. Hace pocos días, en la televisión, a Mario le arrancaron unas declaraciones en las que afirmaba que “Jesús, en su tiempo, fue un rabino prodigioso, como unos trescientos rabinos en uno”. O, en su libro, en las páginas 85 a 99, nos recuerda como Jesús asumió las doctrinas de las dos grandes escuelas rabínicas del siglo primero, la de Hillel y la de Shammay, pero sorprendió por su equidistancia: aprobando y repitiendo algunos de sus enunciados y desmarcándose a la vez de otras de sus doctrinas. Por eso no lo podemos enmarcar debajo de ninguna de estas escuelas rabínicas, sino que lo hemos de situar muy por encima de ellas. Como dice Mario, en la página 91, “Jesús fue un rabí que exige una ética superior a la exigida por la Torá”. Pero todo rabí que exigiera más que la Ley no era mal visto, sino que era reconocido como un buen maestro. Tal y como concluye el libro, en su último capítulo, el 25 (de la página 633): “Jesús fue un rabino excepcional”, donde encontrareis todo un seguido de enunciados que son las grandes tesis o afirmaciones de esta obra y de su autor.

Evidentemente, como creyente cristiano que soy -y como ya me anunció Mario cuando gentilmente me obsequió con el libro-, los capítulos que más me han gustado del libro son los que hacen referencia a aquellos conceptos de Jesús que a veces los cristianos –sin mala intención, ¡espero y supongo!- hemos querido destacar como originales o exclusivos de Jesús. Mario, de una manera muy pedagógica y valiéndose de todo tipo de citas y de autoridades, demuestra que quizás no lo son tanto. Y, por eso, Jesús –como buen pensador y buen comunicador- fue muy fiel a las doctrinas de su tiempo.

Me refiero, por ejemplo, al “amor a los enemigos” (cap. 7, p. 211), “a la enseñanza a través de parábolas” (cap. 8, p. 223), a “Dios como Padre” (cap. 9, p. 321), al “arrepentimiento y el perdón de los pecados” (cap. 11, p. 267), al hecho de “honrar a tu padre y a tu madre” (cap. 13, p. 361), a “la observancia del sábado” (cap. 15, p. 389), el magnífico capítulo sobre “El Reino” (cap. 16, p. 443), “la voluntad de Dios” (cap. 17, p. 511), o “los milagros” (cap. 18, p. 519) y algunos capítulos más. Aunque, a quien le guste la polémica y el debate sobre la crisis profunda del judaísmo (actual y en tiempos de Jesús) o de la Iglesia católica hoy –entre nosotros-, que no se pierda el capítulo sobre “el nacionalismo judío” (cap. 14, p. 379). Tiene su interés.

Para acabar mi aportación solo me queda deciros que, si bien he dicho antes que el libro de Mario no será un best seller, sí que es verdad que él dialoga con las principales obras que en estos últimos tiempos se han publicado y han aparecido sobre Jesús y que ciertamente es muy crítico con ellas. En concreto me refiero a cuatro de ellas:

- Joseph Ratzinger/Benedicto XVI: “Jesús de Nazaret”, La esfera de los Libros, Madrid, 2007.
- Jacob Neusner: “Un rabino habla con Jesús”, Encuentro, Madrid, 2008.
- Armand Puig i Tàrrech: “Jesús. Un perfil biogràfic”, Proa, Barcelona, 2004.
- José Antonio Pagola: “Jesús. Aproximación histórica”, PPC, Madrid, 2008.        

Con todos ellos Mario mantiene un interesante debate. Con los dos últimos el tema de la discusión es sobre la originalidad de Jesús y sobre su humanidad. Más concretamente, con el libro de José Antonio Pagola, porque subraya y destaca mucho el feminismo de Jesús como una cosa imposible en su tiempo. A lo que Mario le responde, como siempre, que el rabinismo del siglo primero también incluía algunos gestos hacia las mujeres.

Pero lo más interesante es el dialogo virtual que han mantenido el papa Benedicto XVI y el rabino Neusner. Yo creo que al Papa Ratzinger le interesaba encontrar un rabino judío que dijera muy claramente que el judaísmo y el cristianismo son dos cosas totalmente diferentes, dos tradiciones inconexas, porque han sufrido una clara ruptura: que es la persona de Jesús. Si lo dice un rabino judío se lo ahorra al mismo Papa de haberlo de decir él. Neusner defiende en su libro que si él hubiera estado presente en el momento en el que Jesús pronunció su famoso Sermón de la Montaña (Mateo 5-7), él se hubiera marchado convencido de que Jesús desautorizaba la Torá, la Ley de Moisés, y se colocaba él mismo en el lugar de Dios. Curiosamente, Mario, en su libro, viene a decir todo lo contrario. Si Mario hubiera oído de viva voz las Bienaventuranzas y todo el discurso en el que Jesús hace de maestro de la Ley y de juez, Mario se hubiera ido detrás de Jesús, porque hubiera reconocido en él a un auténtico rabino del siglo primero. Eso sí, un rabino excepcional.

Por eso yo, un pobre sacerdote de barrio que lucha por mantener viva la llama de la fe de sus padres y por animar las ascuas encendidas en los corazones de los files de una comunidad cristiana, estoy contento de contar con dos grandes amigos judíos: Jesús de Nazaret y Mario Saban. Y ambos, a su vez, se han conocido perfectamente.

Ahora Mario tendría que continuar su obra y averiguar el judaísmo de san Pablo o las raíces judías del cristianismo. Eso es lo que le tocaría hacer ahora. Pero resulta que Mario –muy atrevido él- ya lleva muchos años conduciendo en dirección contraria. Eso es lo que él ya lleva años estudiando y publicando, y eso es precisamente lo que le ha llevado hasta Jesús. Y quizás esto es lo que nos ha llevado a ser tan y tan amigos. A mis dos amigos judíos, Jesús y Mario, y a todos vosotros: ¡Muchas gracias!

Francesc Romeu