"En el mundo judío, el siglo XX ha permitido un cambio de mirada sobre la persona de Jesús"

JOSÉ VICENTE NICLOS ALBARRACÍN. Presentación de El judaísmo de Jesús en Valencia, el 1 de febrero.
«¿Cómo es posible que Jesús estuviese totalmente dentro del judaísmo y al mismo tiempo fuera el origen de un movimiento que se separó de él? ¿Todo el mundo cristiano ha estado equivocado durante 2000 años y ha vivido de la deformación de una tradición?».

 
 1. El profesor Mario Sabán
El profesor Mario Sabán ha publicado durante el pasado año 2008 el libro “el judaísmo de Jesús” que vamos a tratar de presentar, para dejarle luego a él la palabra, en un turno que nos aportará seguramente precisiones importantes.

Tuve el gusto de compartir con el profesor Mario Sabán en el año 2005 unas sesiones de diálogo interreligioso en el Centre de Pastoral Litúrgica de Barcelona. Se trataba de un triálogo  sobre Abraham, padre de los creyentes y su visión en cada una de las religiones monoteístas.
El autor es un viejo amigo nuestro, de quien merece la pena pararse a analizar brevemente la trayectoria intelectual. Según la propia contraportada del libro, Mario Javier Sabán es argentino, abogado licenciado por la Universidad de Buenos Aires, e historiador de los orígenes judíos de muchas familias argentinas. Ha realizado asimismo una serie de trabajos sobre los judíos y la inquisición en España y Portugal, y ha recibido numerosas becas por sus brillantes investigaciones. Una de sus obras se titula, “Las raíces judías del cristianismo: todos somos judíos”.

Según la contraportada del libro el autor “realiza una de las más importantes investigaciones teológicas sobre el judaísmo de Jesús. Y relaciona toda la antigua tradición del pueblo de Israel con las enseñanzas de Jesús de Nazaret. La obra sería fruto de tres años de investigación y representaría una crítica seria y fundamentada de dos mil años de exegesis cristiana. Los orígenes judíos de Jesús habrán sido ocultados intencionalmente durante veinte siglos, concluye, no sabemos si con malicia suya o de quien ocultó estos orígenes.

Son afirmaciones muy serias, sobre las cuales debemos de juzgar los lectores y también la historia de la investigación desde el terreno científico.

En su libro Las raíces judías del cristianismo, cita unas palabras que pronunció Juan Pablo II en la visita a la sinagoga hebrea de Roma, en abril de 1986:
«Sobre todo, cada una de nuestras religiones, con plena conciencia de los muchos vínculos que la unen a la otra y en primer lugar de ese vínculo del que habla el Concilio, quiere ser reconocida y respetada en su propia identidad, fuera de todo sincretismo y de toda equívoca apropiación.»
Según afirma el autor en esta obra” en los dos primeros siglos judíos y cristianos estuvimos unidos por la lucha contra la idolatría pagana” (pág. 16).

2. El contexto del libro
Hoy en día se observa en el Estado de Israel y en los Estados Unidos  una nueva reflexión, desde una condición en que los judíos no son ya minoritarios. Una nueva valoración de la persona de Jesús y en menor medida del Nuevo Testamento.

Este cambio de mirada sobre la vocación de Israel permite hoy prever un diálogo en el cual Israel y la Iglesia se reconozcan en toda su especificidad como lo expresa del lado judío la declaración Dabru emet (“Diréis la verdad”) y del lado cristiano la declaración Una obligación consagrada de septiembre de 2002.

En la declaración Nostra Aetate (n°4)  del Concilio Vaticano II se  suprimían 2000 años de “enseñanza del menosprecio” para abrir la Iglesia a la enseñanza del aprecio y el respeto.

En el mundo judío, el siglo XX ha permitido un cambio de mirada y de perspectiva. Cambio de mirada sobre la persona de Jesús,  que se había presentado durante mucho tiempo en la tradición como el “impostor”. Desde la obra  del rabino Josef Klausner sobre Jesús (1933), que criticó estas tradiciones, el mundo judío examinó la personalidad de Jesús. Investigadores como David Flusser y los que le siguieron han colocado a Jesús en el marco de su tiempo y se le ve hoy en día como un judío disidente. En suma,  hoy hay una preocupación por reinsertar a Jesús en su hogar de origen, enraizándolo así en el seno de su pueblo judío (Heimholung in das Judentum). Han contribuido de forma decisiva a esa reinserción los importantes trabajos sobre Jesús publicados por sabios judíos (un breve resumen en Theissen, El Jesús histórico, p. 26) y el estudio de los documentos descubiertos en Qumrán. Esta vuelta al hogar judío de Jesús ha llevado consigo la revisión matizada de algunos rasgos del perfil antijudío de su figura, tal como había sido dibujada por los autores de la “new quest”, con la aplicación preferente de su criterio de desemejanza.

Los grandes descubrimientos arqueológicos, el trauma del holocausto, la fundación del Estado de Israel, han renovado el interés por el judaísmo del siglo I con sus valores propios y con su pluralismo. Se subraya hoy que el encuentro entre judaísmo y helenismo fue un encuentro entre dos culturas del mismo rango y que los influjos fueron mutuos. El diálogo judeo cristiano quiere eliminar desprecios, prejuicios y desconfianzas mutuas. Así se ha llegado a decir que el reingreso de Jesús en el Judaísmo ha sido causa y efecto de la disminución del antisemitismo cristiano. Como dice D. Flusser, “Jesús no era solo un contemporáneo del judaísmo de entonces, sino que formaba parte de aquella realidad”. No hay unanimidad en la adscripción de Jesús a las corrientes predominantes de la época. Unos lo adscribirán a la corriente pietista, de los jasidim, otros a las corrientes revolucionarias sociales. Otros, en cambio acentúan el paralelismo de Jesús con los filósofos cínicos, lo cual le alienaría de algún modo del judaísmo.

Mario Sabán, doctor en filosofía, también, ha escrito otras obras sobre los orígenes del cristianismo y la figura de san Pablo. Con esta cierra la trilogía sobre el movimiento cristiano, adscribiendo a Jesús en el movimiento fariseo, lo cual es un enfoque nuevo dentro de la investigación sobre Jesús.

¿Dice la verdad con mayúscula el profesor Mario Sabán en su libro sobre los orígenes judíos de Jesús?  ¿Cómo considera a Jesús?  ¿Cómo un disidente o un servidor de la religión “oficial” de aquella época?¿Un personaje original o un tipo de judío fariseo, interpretando las fuentes, junto a otras posibles científicamente?

MARIO SABÁN HA ESCRITO una monografía de CASI SETECIENTAS PÁGINAS PARA PROBAR EL JUDAISMO DE JESÚS, deformado por la cristología que se inciarían a partir del siglo II, con Justino Mártir, los Padres de la Iglesia y los concilios.  EL LECTOR JUZGARÁ TRAS LEERLAS SI SE IDENTIFICA CON el origen de Jesús trasmitido en su fe, y los títulos que se le da en el Nuevo Testamento, como Mesías por Simón Pedro (judío) o la escuela joánica (judía helenística) con títulos como el de Verbo de Dios (Logos), con su manera de vivir como maestro, y con su forma original de morir para dar la vida por los otros.

El presente volumen analiza la originalidad de Jesús dentro de su inserción en el judaísmo, en cuanto al fondo o la forma de sus enseñanzas, acciones, predicaciones y sanaciones.

2. El origen: las enseñanzas de Jesús.
Que Jesús fue un judío es algo admitido universalmente en la investigación bíblica de la segunda mitad del siglo XX.  Pero antes de las enseñanzas de Jesús está la persona de Jesús.

Normalmente cualquier libro sobre el pensamiento de un autor o autoridad viene precedido por una biografía que dibuja al personaje en el horizonte de  su contexto histórico. La echamos en falta, sea una aproximación biográfica, un perfil histórico de un campesino de Galilea, o de un judío marginal. Y pensamos que es algo importante hacerlo objetivamente del lado judío y que hubiera podido aportar algo interesante.

Pero la pregunta que nos hacemos los cristianos durante estos XX siglos es diferente, los orígenes de Jesús en las fuentes evangélicas están envueltos en el misterio de una ciudad de Nazaret y en un establo de Belén, y en un bautismo que da inicio a su vida pública:

¿Cómo es posible que Jesús estuviese totalmente dentro del judaísmo y al mismo tiempo fuera el origen de un movimiento que se separó de él? ¿Todo el mundo cristiano ha estado equivocado durante 2000 años y ha vivido de la deformación de una tradición de cuyo representante, el Papa Juan Pablo II cita el Dr. Sabán unas palabras con respeto?

Para destacar la profundidad del problema entorno de Jesús debemos:
 - investigar las cuestiones relacionadas entre sí en torno a Jesús: el propósito y las relaciones de éste con sus contemporáneos en el marco del judaísmo. Estas dos cuestiones nos llevan inmediatamente a otras dos:
- la causa de su muerte (¿implicaban sus intenciones una oposición tal al judaísmo que habría de conducirlo a la muerte?)
- el impulso que motivó el surgimiento del cristianismo (¿tuvo su origen en una confrontación histórica entre Jesús y el judaísmo que dio lugar a la escisión entre el movimiento cristiano y este último?).»
-¿Cuál fue la escatología de Jesús en el contexto de la restauración de Israel, siguiendo con su propuesta del Reino y acabando en el estudio del conflicto con sus adversarios y de las causas de su muerte?

Ningún epígrafe del libro comenta las “tentaciones” de Jesús que aparecen en los tres sinópticos ni su bautismo reseñado en los cuatro evangelios, ni “las causas de la muerte de Jesús”, parece como si hubiera sido únicamente un rabino exitoso, aunque el autor insiste con buen criterio en que tanto el judaísmo como el cristianismo tienen su origen en el fracaso de su fundador.
Descendiendo más a la descripción de la tesis del libro, ¿cuál es el judaísmo de Jesús?

Para empezar, deberíamos citar de pasada algunos componentes contradictorios de la existencia paradójica de Israel y lo judío
1. Particularismo y universalismo, preservación de la identidad y lucha por la universalidad.
2. Exilio y Tierra, la tensión entre un exilio milenario  y la añoranza permanente por la tierra.
3. Ley y profecía, como el autor defiende, la autocrítica de los profetas representa un caso único en las Escrituras Sagradas ante las deformaciones de la ortopraxis.
4. Un pueblo testigo y mártir, testigo de la inapelable vocación a vivir ante el Dios que nos sobrepasa y mártir ante las persecuciones y amenazas que les sobrevienen en la historia por su misma existencia como pueblo singular.

La vida judía, en una frase, resulta un tejido de paradojas como  el abanico de las situaciones más distintas que abarca, yendo de la riqueza a la pobreza, la potencia a la indigencia, el agnosticismo a la santidad.

Pero el judío sobre todo se sitúa en una espera. Hay una nostalgia indescifrable en el alma del judío alma judío.  Y el cristiano vive del cumplimiento. ¿Vivió Jesús de la espera o del cumplimiento, o de ambas características.

Por último, la vida judía es una interpelación para la humanidad.
Si tantos polos opuestos atraviesan la identidad judía, no se ven privados tales extremos de significado. Permaneciendo señal y expresión de la Alianza, nos recuerdan de manera diaria que la clave de todo universalismo - para cada persona como para cada comunidad - no puede encontrarse sino en una plena fidelidad a la identidad a la que  le está confiada ese esfuerzo de “emulación espiritual”

¿Qué significa, pues, la palabra judaísmo en general y aplicada en particular  a Jesús? Algunos autores contemporáneos distinguen entre “judaísmo” y judeidad. En el sicoanálisis se llama judeidad al hecho y la manera de sentirse o ser judío, independientemente del judaísmo. Se habla de la judeidad de Kafka o de Freud.

El historiador de las religiones señala cierta confusión entre lo étnico, la “judeidad”  y lo religioso (el “judaísmo”). Esta confusión se hace aún mayor en el Estado de Israel, donde religión judía y la nacionalidad israelí parecen confundirse.   En la época de Jesús los diversos grupos judíos y judeocristianos se disputaban el derecho a ser el “verdadero Israel” (Verus Israel) o el “resto de Israel”. Y Jesús murió, según muchos, por enfrentarse a la religión como fuerza que atenaza al hombre y le impide la libertad. El autor insiste una y otra vez el título de “el rabino Jesús”, cuando en los escritos cristianos aparecen títulos mucho más sugerentes para los seguidores de esta religión de buena voluntad: hijo del Hombre, Hijo de David, Mesías, Señor, por no hablar de Hijo de Dios, pronunciados o trasmitidos por seguidores también judíos de Jesús (Simeón/Pedro, Yohanan/Juan).

Si pasamos a comentar algunos pasajes del libro que nos llaman la atención como cristiano, damos a continuación algunas pinceladas:
 
3. Mandamientos: el movimiento fariseo y Jesús
Los grupos fariseos “se perdían en teorías absurdas que no se concentraban en la ética central de la Torá”, nos dice el autor. Y sin embargo, se puede decir que, según el profesor Sabán, la filiación del cristianismo primitivo con el judaísmo fariseo es evidente. Incluso intenta rastrear quién fue el maestro judío de Jesús (p. 53). Estamos ante tipos de acercamientos exegéticos difíciles de hacer converger y entender al acercamiento tradicional cristiano a Jesús.

Sin embargo, aquí radica la originalidad del libro que, sin embargo, no acaba de mostrar cómo es inevitable que, en el movimiento cristiano, como en  toda sociedad u organismo vivo, se crezca y evolucione de forma natural. Del tiempo de Jesús,  conocemos tendencias tan distintas y enfrentadas como los saduceos, los fariseos, los herodianos, los esenios, los bautistas, los zelotas. Estos hábitos pluralistas posibilitaron el que los primeros judíos creyentes en Jesús pudiesen ser aceptados como una secta más, la de los nazarenos, bastante próximos a los fariseos, como sostiene el autor. Así es la línea de Santiago, cabeza de la iglesia de Jerusalén, ante quien media Simón Pedro. Efectivamente, salvo esporádicos momentos de tensión como el que llevó a la lapidación de Esteban, los judeocristianos seguían acudiendo a las sinagogas y dando culto en el Templo de Jerusalén. La misma lapidación de Esteban hay que considerarla como un acto puntual de linchamiento más bien que como una persecución sistemática. De hecho fueron sólo los cristianos helenistas los que tuvieron problemas, mientras que los judeocristianos de lengua aramea parece ser que no sufrieron tan graves interferencias. En los documentos qumranitas conocemos la espiritualidad de los miembros del Yahad y vemos cómo podían considerarse el verdadero Israel escatológico, a pesar de ser una mínima fracción numérica de la totalidad del pueblo. Este será más también el mismo espíritu de los judeocristianos, que aun después de haber sido separados del Israel oficial, seguían considerándose el Israel legítimo, a pesar de no ser sino una mínima fracción del pueblo judío y de haber sido oficialmente excomulgados de la sinagoga. De entre todos los grupos judíos contemporáneos, los fariseos eran los que tenían la doctrina más parecida a la de Jesús, como explica a lo largo del libro el profesor Sabán.. Las disputas entre uno y otros podrían considerarse disputas de escuela. La mala imagen de los fariseos en el cristianismo actual, tiene bastante de calumnia.

Ahora bien, el estudio de los fariseos “históricos” en las fuentes rabínicas es mucho más complicado aún que el estudio del Jesús “histórico” en las fuentes cristianas. Los fariseos como grupo nos son conocidos sobre todo por Flavio Josefo en las Guerras  Judías y, sobre todo,  en las Antigüedades, una vez fundada la academia de Yavne.

Otra cosa es el “fariseísmo”, condenador por la Iglesia y presente en la misma Iglesia como en todas las religiones. En la tradición cristiana se ha equiparado judaísmo y fariseísmo, entendiendo éste como hipocresía y legalismo. Esto es hacer una grave ofensa e injus¬ticia a toda una importante tradición religiosa que se ve ridículamente caracterizada. Además al oponer así cristiano y judío, olvidamos que el fariseísmo, en su sentido malo, es una mala hierba que crece no só¬lo entre los judíos, sino también entre los cristianos.  David Meyer, un sabio judío afirma en uno de sus libros: “cierto la Ley está escrita, los mandamientos se hallan en la Tora, en la Misná, o en el Talmud, pero no hay nunca una ética verdadera sin una reflexión en profundidad sobre la teología de la transgresión. Ante esos casos últimos, de vida o muerte. La Ley no puede ser un refugio.

Considerar la Ley como un refugio, sin  cuestionarla y sin atreverse a transgredirla, se podría considerar también algo de fanatismo!”. Y hablar del fariseísmo nos exigiría desatarnos la correa de las sandalias. Para hablar de esto uno precisaría ser santo, pues habríamos de hablar no de los fariseos, sino de esa enfermedad del espíritu religioso que se llama  fariseísmo y de cuya tentación no está exenta ninguna de las religiones. No es la muerte, es como la esclerotización de lo religioso en uno, ese sobrepeso del cuerpo social, el traspaso de una mística en politica hasta la hipocresía, mezcla de orgullo, ambición, impiedad y dureza, contra las que lucho Jesús. La persona santa y profética debe odiar el fariseísmo en todos sus grados: así lo odió Cristo y le costó la vida, pues parece haber tomado el fariseísmo como empresa de su vida, se reservó el pueblo de Israel.
Por otra parte, dentro del análisis de los mandamientos, el cristiano se educa desde niño en el aprendizaje de algo que echamos de menos en este análisis de los mandamientos. Jesús afirmó el primer mandamiento pero lo unió indisolublemente al que él presentó como segundo e inseparable, el amor al prójimo, sin fronteras interpreta la exégesis tradicional.  El amor a Dios el shemá es importante en la vida de Jesús, pero como Abba, Padre, y a continuación, sorprendentemente, un cristiano esperaría un capítulo dedicado al amor al prójimo, la sensibilidad por Jesús por los pobres y menesterosos de este mundo. Un acercamiento judío a Jesús no puede pasar por alto, nos parece, lo que tradicionalmente los teólogos llaman indicativo-imperativo dentro de los mandamientos y de la ética cristiana:

“Los sanos no necesitan médico sino los enfermos” (Mt 9,12), es un indicativo sobre quién es Jesús ante los fariseos que protestan de que coma con publicanos y pecadores.

“Que cada uno tome la cruz de cada día y me siga”, es un imperativo que no sé si aparece en muchos rabinos del siglo I o del II o del III (Mt 16,24), aunque el libro de Job presenta a la reflexión judía un modelo para la meditación continua en el sufrimiento.

4. Los encuentros de Jesús con los paganos (los gentiles en el judaísmo y la posición de Jesús)
Se nos citan cuatro encuentros de encuentros de Jesús con no israelitas: con la cananea (p. 159ss), con el centurión, con la samaritana, con el enfermo samaritano: se habría comportado como un fariseo (Mt 15,21-29).

Mencionemos sólo el primero:
“En este encuentro con la cananea no parece que Jesús, como rabino judío, tuviera muchas ganas de predicar a los gentiles…” “Queda absolutamente claro que Jesús pretendía siempre predicar y orar con su pueblo... la posición de Jesús no es de apertura a los gentiles, al contrario, los llama perros”. 

No sabemos si esta frase reflejan ironía o humor. Realmente este pasaje la exégesis crítica cristiana lo asocia a un anuncio de una redención que se abra más allá de la nación entendida como particularismo exclusivista, a toda la humanidad, especialmente los más menesterosos, como la mujer en aquella  sociedad.

5. Las parábolas de Jesús (cap. 8), en el seminario antes se decía que los Evangelios eran la obra literaria más perfecta del mundo. Mas juzgados con criterios puramente literarios , el Evangelio no es perfecto según la preceptiva greco-latina. Los evangelios contienen buen número de parábolas, Mario Sabán estudia una sola, la parábola del sembrador y la cizaña y le dedica 6 páginas de su libro.
 
Pero es en estas parábolas están como grabadas a cincel en el subconsciente de sus seguidores y es donde la enseñanza de Jesús, más allá de las reglas de la “preceptiva” se dispara en direcciones inesperadas para la estética y el razonamiento humano . A eso se llama paradoja y con ella Jesús muestra cómo es Dios, nos guste o no: Un padre que premia al hijo perdido, disoluto y disipador y castiga al “bueno”; un mayordomo fraudulento puesto como ejemplo y parangón a los santos; un condenado en el infierno que conversa con Abrahán y le ruega que le deje volver a mundo. También es an-etico y poco práctico que un buen pastor abandone noventa y nueve ovejas para salir en busca de una, “la descarriada”. Esto es humor “medular” como el que aparece en el Quijote, como decir  “mi carga es suave y mi yugo ligero” para añadir “el que no cargue con mi cruz no es digno de mí”.

6. El mesianismo de Jesús
Ningún epígrafe se dedica a estudiar el mesianismo de Jesús desde sus orígenes judíos. El capítulo 21 y el 23 sí hablan sobre el Nacionalismo judío y del Reino, sobre los que sí cabe decir algunas.

El mesianismo judío traduce la palabra mesiah o ungido, un monarca nacional, pero tan solo en los escritos proféticos se perfila el panorama de la era mesiánica o la figura del Mesías. La literatura apocalíptica es otra etapa que añade profundidad a la idea mesiánica: no  acepta una intervención del hombre que pueda alterar el curso de la historia. El hasidismo, el sionismo añaden matices.
La identidad religiosa intenta mantenerse en el seno de un mundo marcado por la pluralidad y por las tentaciones de dentro y de fuera. Por otro lado, la tentación de asegurar la identidad colectiva por la homogeneidad impuesta se produce en muchos momentos de la historia.

A Samuel Trigano le obsesiona una imagen en la Biblia, la tierra desde el profetismo: “en ninguna parte se trata de hacer corresponder los límites del alma judía (nacional) con las fronteras de un territorio aunque sean los de Jordán... la crítica sociopolítica y cultural, la elaboración de un mundo diferente le parecen unas vías más seguras del mesianismo profético judío que el irrredentismo... la judeidad es una voz y una palabra, diálogo, no cerrazón o irresponsabilidad hacia el otro. Hay que alzar una y otra vez esta voz crítica, mayéutica de un mundo diferente, porque lleva, como se lleva un hijo, a la reconciliación de la tierra de Canaan y de la tierra de israel, revelada en sus rostros humanos y en la  voz mesiánica: Israel será tres con Egipto y Siria en la extensión del país (Isaias 19,24-25)”.

Es en este contexto donde el profesor Sabán nos coloca la parábolas del Reino, en una lista completa, pero echamos de menos su comentario que nos hubiera ilustrado desde su conocimiento de la literatura hebrea.

Y el mesianismo de Jesús, qué añade?
.- Ver el mesianismo desde la perspectiva insólita de la pasión de Jesús. La pasión de Jesús educa y educa en primer lugar a Pedro, también él judío,  en el   conocimiento de sí mismo y está estrechamente ligado con el tema de la superación del nacionalismo estrecho en la religiosidad.
El nacionalismo puede entenderse de muchas formas. Un  movimiento que resiste al movimiento actual de internacionalismo, el cual es un ideal y aún religioso. Solamente el sentimiento religioso puede hacer superar al ser humano el instinto nacional, proposición que ya demostró Bergson en su obra Las dos fuentes de la moral. La historia, la experiencia, la razón, muestran que instintiva y fatalmente el hombre ve como bárbaro a todo aquel de sus semejantes qe dice blabla, al hablar, como los griegos decían barbar: solamente hay dos cosas efectivamente internacionales. La Iglesia Católica y la raza judía.

La religión romana estaba basada en la piedad, la política en la dominación, en este contexto nace Jesús, cuya figura cabe leerla :
- en el contexto social: ¿era partidario del establishment?
- ¿de la revolución? Si es así, la esperanza del libertador era importante en el movimiento nacionalista galileo, “había venido a encender fuego en la tierra”. El movimiento de Jesús nace y se extiende por Galilea, la misma familia de Jesús, su madre y hermanos, piensan que está loco y su menaje viene a revolucionar el estatus social; el mismo Pedro, parece haber sido un zelota.

Sin embargo, el drama de Pedro, también él judío, los seguidores de Jesús entienden que se revela progresivamente en los evangelios hasta el momento en que estalla en llanto. Ha proclamado Mesías a Jesús en Cesarea de Filipo y, sin embargo, saca la espada frente a la guardia del templo en el monte de los olivos. Escucha, como nos pasa a todos, las cosas pero no percibe su sentido, hasta que un acontecimiento imprevisto le pone en contacto con la realidad. Es el fenómeno sicológico del punto ciego:  hay cosas que no vemos, frente a las cuales estamos ciegos; comprendemos sólo lo que somos capaces de experimentar.. Jesús dice, me negareis, os escandalizareis. Para los discípulos es la imprevista oposición entre la idea que tenían de Dios, un Dios nacional fuerte y poderoso,  y lo que se revelará aquella noche. Pedro había dicho “moriré contigo”, compartiré tu destino. Jesús se revela ahora “verdadero” y no el Maestro en quien se apoyaban, que siempre tenía la “palabra adecuada”, sino un hombre como los demás, un amigo a quien consolar y empiezan a escandalizarse y a no comprender, “sus ojos estaban cargados”: ¿cómo puede manifestarse Dios en un hombre tan pobre”, piensan? Le abandonaron y huyeron. Pedro está confundido en su identidad, ya no sabe quién es.  Con todo, el profesor Sabán nos da otra visión, y nos comenta que los discípulos esperaban la res

El Cristianismo basó su religión en el sentido cristológico y el Judaísmo basó la suya en el sentido nacional» nos dice Mario Sabán. Sí pero esto hay que explicarlo, así como lo que supone para la humanidad.

El reino el cristiano lo vive desde lo que Schillebeck llamaba “situaciones de contraste” en la humanidad: no puede afirmar que cree que ha llegado si soporta o tolera desigualdades extremas o situaciones vejatorias hacia otras personas”. Este es un sentido utópico del Reino que ha impulsado y fecundado a Occidente como la levadura en la masa.

7. La muerte de Jesús
De la lectura del libro del Dr. Sabán emerge un Jesús liberal, con compromiso ético sorprendente, un reformador del judaísmo desde dentro y, a la vez, un Jesús conservador y ortodoxo, parte más original visto por un pensador cristiano, que rechaza abrirse a los gentiles. Es sorprendente esta conjunción y no explica que ese Jesús  se encuentra con la violencia de la ocupación romana y también de la institución religiosa. Y eso dice algo sobre el ser humano de todos los tiempos. Porque Jesús nos dice que eso nos pasará en la práctica no en la teoría del laboratorio de las ideas ni de la escuela rabínica. La persecución y la muerte del justo es una idea profética, la resurrección será una idea farisea, pero para el cristiano no es una idea, es parte de su vida y de su esperanza, configurarse con su maestro, y eso es algo que imprime al movimiento de Jesús un sello particular.


8. CONCLUYENDO DESDE LOS ORÍGENES
El profesor Mario Javier Sabán concluye, tras hallar múltiples semejanzas entre ambos credos, si no buscan en realidad lo mismo. Asimismo, nos ofrece, a modo de apéndices, una serie de 46 tesis en las que describe la presencia de lo judío en la biografía de Jesús.

La palabra origen significa inicio, comienzo, principio, también generación. El cristianismo judío ya vio en los orígenes de Jesús una voluntad que no niega al pueblo judío pero lo incluye en un proyecto más vasto de Dios para toda la humanidad. Mateo (Levi) habla de la genealogía davídica de Jesús, Juan (Yohanan) lo incluye como Verbo de Dios en el origen de la creación y como Luz del mundo en su iluminación gozosa.

Y sentencia sibilinamente: “debido a los títulos cristológicos que se le dieron corrieron ríos de sangre” (p. 630).  Tal vez al señor Sabán esos títulos le parezcan idolatría pero esos títulos le fueron dados a Jesús en primer lugar por judíos y judíos miembros de su pueblo, sean judeocristianos Simón Pedro (Mesías, Hijo de Dios), o judío helenistas (Logos) como Yohannan o Juan, el evangelista, e hicieron correr también “ríos de sangre cristiana” y la hacen correr todavía en nuestros días. Y esos títulos cristológicos siguen iluminando una buena parte de la humanidad, elevando su espíritu y educando su comportamiento práctico en la espera de identificarse lo más posible con su maestro en el seguimiento

A pesar de la interesante exposición del autor, pensamos que ella es insuficiente para comprender lo que supondrá el fenómeno cristiano. Sin duda que la experiencia judaica es una base del cristianismo, pues en el seno de las comunidades judías pudo dar éste sus primeros pasos. Sin embargo, vemos que los fenómenos posteriores, ya no dependen tanto de esa comunidad judía originaria, sino de una estructura política con pretensiones de universalidad, un imperio universal, el Imperio Romano, ante el cual san Pablo en la epístola a los Romanos propone otro modelo de vida. Los judíos nazarenos que huyen en la Díaspora no emigran hacia Asia, sino que se dispersan hacia otra cultura, la de Pablo, por todo el Imperio Romano y se convierten en ciudadanos suyos, uno de los detalles que favorece la predicación de Pablo de Tarso. Y es precisamente el cristianismo el movimiento que, aprovechándose de las estructuras imperiales romanas alcanzará su carácter de religión que busca realizar proselitismo y prédicas a toda la Humanidad. De hecho, la figura del Papa, a raíz de la caída del Imperio Romano, ocupa el papel de autoridad religiosa que poseían los césares, la del Pontifex Maximus. Y la pretensión de la Iglesia romana es la de convertirse en la continuación de ese Imperio Romano, fragmentado en feudos tras la pavorosa revolución. Es decir, que ante todo la Iglesia Romana, máxima institución del cristianismo, es Derecho Romano y Filosofía Griega. El hecho de que el cristianismo sea una rama escindida del judaísmo, no implica que los creyentes en ambas religiones «busquen lo mismo», pues los dos credos han elegido distintas vías de asimilación y distintas formas de comportamiento de sus fieles. Son ramas escindidas de un mismo tronco, o una rama de olivo silvestre (Rom 11,17), injertada en el olivo santo y venerable, que se desarrollan de forma diferente. Es decir, que mientras el judaísmo, tras múltiples avatares, ha acabado ciñéndose a la especificidad de un grupo concreto (al principio toleraba la conversión de los gentiles, como nos señala Mario Sabán), permitiendo la pertenencia a la misma a aquellos que formen parte de la estirpe del Rey David, es decir, que sean judíos de linaje, el Cristianismo, y concretamente su versión católica, ha desembocado en una religión que pretende universalizarse y extenderse a toda la Humanidad. Sin embargo, estas objeciones no impiden valorar el trabajo minucioso de Mario Javier Sabán, que cumple los objetivos que él mismo se había propuesto inicialmente: investigar las raíces judías de  Jesús desde la perspectiva del movimiento rabínico que desemboca en el fariseo y el ortodoxo. Aunque la obra no sirva para esclarecer todas las corrientes judías del tiempo de Jesús, al menos se encuentra una de ellas muy bien analizada.

En la contraportada el autor  declara que  realiza una investigación teológica: ¿es este- nos preguntamos- un libro histórico, lo es exegético, teológico, proselitista- todos somos judíos? Creo que es un poco de todo ello, pero desde la sinceridad de un autor que quiere hacer teología desde una situación cultural y personal compleja como es la contemporánea. Y sobre la labor del teólogo me gustaría concluir con unas palabras de otro teólogo, Olegario González de Cardenal: “Brevedad y claridad son dos obligaciones del teólogo que a su vez percibe como un don de Dios. Nada hay por ello más contradictorio en el teólogo que la violencia ante las palabras de Dios y los acontecimientos reveladores… ciertos autores violentan las fuentes que utilizan porque las obligan a decir lo que ellas no dicen, otros en tal manera se identifican con lo que tratan, que pierden la perspectiva y terminan hablando el mismo lenguaje sin capacidad crítica. Si el estilo es el hombre, cada teólogo tendrá su propio estilo que dependerá de la fecundidad de su pensamiento” (Teología, p.691).

El profesor Mario Sabán nos abre los ojos de forma fecunda sobre muchos aspectos de los “orígenes de Jesús” ante los que debemos hacer un esfuerzo intelectual y cultural. El mismo esfuerzo paradójico se nos pide a todos para intentar acercarse a la complejidad del movimiento cristiano desde sus inicios y evolución subsiguiente, y dar una visión breve, clara y sistemática.