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Gran éxito de Mario Sabán en la presentación mallorquina de 'El judaísmo de Jesús'

 El teólogo que iba a presentar el libro excusó su presencia a última hora, siendo sustituido por Miquel Segura.
CRÓNICA DE MIQUEL SEGURA. La sala estaba repleta, pese a la noche fría e inclemente. El anuncio de la presentación en Palma de “El judaísmo de Jesús” había despertado expectación. El orden del día, sin embargo, sufrió un cambio. El repentino agravamiento de la enfermedad de un familiar impidió la presencia en el acto del anunciado presentador de la obra, quien fue sustituido apresuradamente por Miquel Segura. El cambio resultaba significativo porque el presentador inicial era un sacerdote católico, teólogo por más señas; ambas circunstancias no se daban en el sustituto, quien se confesó amigo personal de Saban y admirador de su obra.





Segura comenzó con un aviso a navegantes:  la temática del libro era “fuerte” para un auditorio supuestamente cristiano. Advirtió, además, que su condición de descendiente de judíos en trance de Retorno a la fe de Moisés le invalidaba para el debate. Segura agradeció a su amigo Saban el hecho de “permitirme acercarme a Jesús con ojos judíos”. Gracias a su obra, añadió, “quienes provenimos del catolicismo y nos hemos embarcado en la incierta aventura de retornar a la fe judaica podemos sentir que, al fin y al cabo, no hacemos más que volver a los orígenes”. Con voz conmovida, Segura invitó a los presentes a “disfrutar del privilegio de escuchar a Mario Saban y acercarse a través del mismo a la realidad de un Jesús judío que nunca quiso fundar una nueva religión”. “Como judío que quiero ser –finalizó- me consuela mucho pensar que Jesús tampoco fue cristiano, esos son los otros”.

Por su parte, Mario Sabán realizó una magistral síntesis de su magna obra. Aseguró que él nunca pretendió aventurarse por el terreno de la fe, ni discutir la divinidad de Jesús, sus milagros o su resurrección. “Mi pretensión –aseveró- ha sido la de demostrar que la ética de Jesús es la de la Torà”. Haciendo gala de una gran erudición en el tema, Saban situó al Jesús histórico en su contexto: un rabino judío del siglo I de la Era Común que sintetizó en su doctrina las enseñanzas de Hilel y Shamai, adoptando lo que mejor le pareció de cada una de ellas: la flexibilidad en el ceremonial del primero y la rigidez en la ética del segundo. En consecuencia, Saban habló de Jesús como de un rabino “inclasificable”, aunque de una sabiduría prodigiosa, que nunca pudo imaginar que sus enseñanzas doblegarían el curso de la Historia.

El coloquio fue largo y muy animado. Cabe destacar la intervención de un sacerdote católico quién, tras felicitar a Segura por su valentía de volver a sus orígenes judíos, confesó aceptar la posición de Saban en el sentido de que “Jesús nunca quiso montar el tinglado que hoy en día supone la Iglesia institucional”. No faltaron, naturalmente, las opiniones encontradas, especialmente las de algunos que, sin tener en cuenta que Saban había dejado de lado las cuestiones de fe, pretendieron introducirlas en el debate.

Un acto muy interesante, en suma, que a buen seguro sembró inquietud y esperanza, entre quienes acudieron al mismo.